Ago
20

Webinar: ¿Volver o no volver a tu país?

Webinar: ¿Volver o no volver a tu país?. En este webinar abordamos la situación de la emigración y la pregunta que todos los que se van de su país se hacen algún día ¿regresar o no?.

Al principio toda la energía de un emigrante está puesta en sobrevivir, en aprender el idioma, buscar un sustento, “integrarse”. Sin embargo, pasados unos años, cuando han sobrevivido y deberían estar disfrutando de los logros alcanzados, muchos se encuentran con una inmensa sensación de cansancio y sentimientos que van desde la nostalgia a la tristeza, la confusión o la ansiedad.

Otro fenómeno habitual es combatir el miedo inconsciente a la pérdida de la identidad, buscando las raíces en tradiciones que mantienen un vínculo con sus orígenes.Por eso, cuando llega cierta edad o cuando pasan ciertos años, empiezan a plantearse qué quieren hacer el resto de sus vidas y dónde quieren echar raíces. Decidir volver a tu país después de haber migrado es casi tan duro como irte.

Adaptándonos a lo que creíamos conocer. Cuando alguien emigra a un lugar lejano, no solo debe invertir tiempo y esfuerzo en adaptarse al nuevo paisaje y a las costumbres que priman en este; también está realizando otra clase de sacrificio, aunque este segundo no se note tanto. En concreto, se está perdiendo todo lo que ocurre en el lugar en el que echó sus raíces y que está vinculado a sus recuerdos, sus costumbres aprendidas y, por lo tanto, a su identidad.

Esta faceta tan discreta del desarraigo tiene otro inconveniente. A diferencia de lo que ocurre cuando luchamos por adaptarnos al país extranjero al que hemos ido a vivir, el impacto que supone llegar a casa después de varios años y darnos cuenta de que ya no estamos tan vinculados a él es algo que no nos esperamos, que nos sorprende y que, por ello, nos produce una dosis extra de estrés.

El choque cultural inverso aparece justamente en ese roce con chispas entre el país de origen que estamos visitando y lo que esperábamos encontrarnos al llegar a este.

Extraños en nuestro propio hogar. El tiempo pasa para todo el mundo, también para los que se van a vivir fuera. Por eso supone un duro golpe volver a casa y darnos cuenta no solo que nos hemos perdido un montón de acontecimientos relevantes, sino que además ni siquiera sabemos “movernos” muy bien por este lugar.

¿Qué amistades nos quedan? ¿A dónde han ido a parar parte de los negocios y los comercios a los que solíamos acudir? ¿Cómo ha podido cambiar tanto la gente a la que amábamos? Todas estas preguntas, sumadas al hecho de que con el tiempo las personas de nuestro círculo social han ido desacostumbrándose a pasar tiempo con nosotros, pueden hacer que experimentemos tres sensaciones: aislamiento, confusión y dudas sobre la propia identidad.

El choque cultural inverso. El choque cultural inverso es, justamente, lo que se experimenta al sentir que no se encaja con la manera de hacer y de actuar con la cultura a la que se consideraba que uno mismo pertenecía por el hecho de haber vivido en ella durante muchos años en el pasado. Por un lado, la vida en el país de origen no se ha mantenido estática, sino que ha ido evolucionando tanto materialmente como culturalmente. Por el otro la forma de actuar y de pensar del país al que emigramos también habrá dejado una huella en nuestro cerebro, aunque no la notemos, y por eso es muy probable que al volver a casa lo veamos todo con otros ojos. El hecho de regresar al hogar y no sentirnos enteramente ni de un lugar ni del otro hace que nos sintamos desarraigados.

Frustración por las nuevas costumbres. Volver a casa y frustrarnos al no encontrar grandes superficies abiertas los domingos, desesperarnos con la manera de hablar de nuestros compatriotas, no encontrar ingredientes que aprendimos a amar más allá de las fronteras del propio país… La suma de estos pequeños sucesos cotidianos puede hacer que nos sintamos frustrados y estresados, e incluso que no podamos hacer que nuestros planes y horarios funcionen bien durante una temporada.

Regresar al hogar del mejor modo posible implica tener claro que deberemos dedicar unos mínimos esfuerzos en volver a adaptarnos a este lugar que nos resulta tan familiar. A fin de cuentas, tanto lo que hemos aprendido durante nuestros años viviendo fuera como lo que olvidamos de nuestra propia tierra, pasando por lo que creíamos que seguiría estando igual en nuestro propio vecindario, puede llegar a hacer que nos sintamos muy perdidos, solos y confundidos si no le ponemos remedio.

Volviendo a aprender a vivir en nuestro país ¿Qué hacer en estos casos? Lo principal es romper con el posible aislamiento que puede llegar a apoderarse de nuestras vidas si asumimos que podemos volver a nuestro país de origen y actuar tal y como lo hacíamos antes. Es posible que tengamos que ampliar nuestro círculo de amistades y que pongamos más de nuestra parte por quedar con los amigos que conservamos.

Del mismo modo, es preferible no fingir que los años pasados fuera no han existido: abrazar lo que las tierras lejanas nos han enseñado es una buena idea, ya que esa clase de recuerdos han pasado a formar parte de la propia identidad y tratar de suprimirlas resultaría una impostura, además de ser un golpe hacia la propia autoestima. ¿Si hay que esconder esos signos de que se ha vivido fuera, significa que la marca que nos ha dejado el otro país son indeseables y que valemos menos por haberla dejado entrar en nuestra forma de pensar? Por supuesto que no.

Conclusiones

De Colombia siempre querremos tener un pedacito. Si tu deseo es volver, la seguridad y estabilidad es un tema vital que deberíamos evaluar ¿Cuándo vuelva, donde voy a vivir? Si están en el exterior y es tu deseo volver, deberás trabajar unos años en pro de hacer un regreso adecuado y planeado, en donde tengas un lugar propio y digno donde regresar y adaptarte de nuevo.

Si después de pensarlo muy bien durante todos los años que llevas en el exterior, y tu decisión es vivir en el país donde actualmente estas ¡perfecto! Eso no significa que no puedas tener un pedacito de Colombia. No significa que no puedas tener un lugar propio que aporte a tu patrimonio, donde puedas volver si quieres vacacionar o incluso, un lugar de seguridad para tus padres o un familiar.

 

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